Historia Torremolinos
TORREMOLINOS Y SU HISTORIA
Primero fueron los molinos de Torre, Rosario, Maello, Castillo y Manejas, situados a la izquierda del cauce, los que con sus respectivas parcelas o fincas iniciaron el actual trazado de la calle San Miguel, que, atravesada por la carretera de Cádiz, muy estrecha hasta el año 1937, fue formándose con la construcción de viviendas como las de los Nagel, Navarrete, Atencia, Navas, etc.
Desde la Torre que domina bajo el tajo hasta la casa de los Barrabino, fueron surgiendo casas de labriegos, además de las señoriales ya mencionadas, que configuraron con los siglos lo que hoy y siempre se ha denominado calle San Miguel. Los libros cuentan que la vida en ella, salvo en épocas de piratería, era una delicia; todas las casas disponían de amplios patios, llenos de macetas y plantas de ornamentación y perfume como el jazmín, la dama de noche o los rosales.
Desde siempre ha sido el centro de toda la vida social de la localidad; allí se celebraban las fiestas, procesiones del Corpus, de Semana Santa y, por supuesto, las de San Miguel. Esta calle, que iba desde el Ayuntamiento hasta la iglesia y la cárcel, albergaba el juzgado, la escuela y los principales comercios del pueblo. Existen cientos de anécdotas que tienen su origen en la trayectoria y entre las paredes de esta calle en continuo cambio. Una de las más conocidas y contadas es la visita de Picasso, puesta en tela de juicio por algunos, al no existir ninguna prueba material, pero creída por otros muchos, según lo que relata un nieto de doña Heliodora, hermana de la madre de Picasso, que se casó en Torremolinos y vivía en una casa situada en la esquina entre San Miguel y Conde de Mieres.
Según este relato, Picasso quiso enseñarle a su primera esposa, Olga Koklhova, su tierra natal, Málaga, y de paso algunos alrededores de la capital. Las pruebas, como por ejemplo una foto del pintor y su mujer subiendo la cuesta del Castillo de Santa Clara en atuendo de baño, se perdieron años más tarde, pero hay quienes aseguran que esta visita está perfectamente constatada.
Otra de las visitas que ha recibido esta calle fue la de Franco, a finales de los años cuarenta, y a partir de los años cincuenta, con la naciente sociedad del ocio, la calle San Miguel fue recibiendo la visita de incontables personalidades.
Paulatinamente fueron desapareciendo las viejas casas, los huertos familiares; se prohibió el paso de caballerías y poco a poco fueron apareciendo tantas casas nuevas como solares para instalar todo tipo de negocios.
La reja de hierro forjado dio paso al acero inoxidable, la madera al plástico, las pausadas voces de los vecinos a equipos de música electrónica, y los modesto; carteles pintados sobre tabla indicando la panadería, la carnicería o la mercería, a un bosque c plástico luminoso anunciando los productos más diversos en varias lenguas. Sólo el principio y el fin de la calle guardan vestígios primitivos como el palacete (de los Barrabino y la torre almenara, y muy pocas personas viven en la casa de sus mayores.






